Pie avión

Contacto
Funciona con Indexhibit




El baño estaba fuera, había que salir de la habitación y caminar un tramo a la intemperie y a oscuras. Se veían las estrellas, las luces del pueblo lejos y el océano negro. Casi nunca pasaban barcos, pero aquella noche apareció esta luz. En la foto se ve pequeña; allí también se veía pequeña, pero considerando la distancia era obvio que aquello era un despiporre luminoso y que el barco era enorme.
Podría ser el Wind Star, o el Belle des Océans, u otro crucero similar. Eran las cuatro de la mañana, la mayoría de la gente estaría durmiendo. Habría algún miembro de la tripulación de guardia, y quizá algún pasajero insomne por culpa de la iluminación excesiva, el jet lag, el movimiento del barco o la pena; quizá John, quizá Karel, Ana, Lars, Sophie; quizá con los codos sobre la barandilla del balcón del camarote, la cabeza apoyada en una mano, mirando hacia la costa, quizá pensando: qué bien se ve la isla recortada contra el cielo, todo el mundo estará durmiendo allí, o no: habrá algún insomne despierto, voy a hacer una foto, etc.

Todos con el móvil en la mano haciendo cola para posar en la parte más espectacular del mirador durante diez segundos y fotografiarse con gesto notarial, lejano a cualquier asomo de arrebato sublime. Todos salvo este hombre solitario que, con las manos en la espalda, su riñonera y su sombrero de excursionista (como el mío) observaba el paisaje con calma. Creo que era alemán.


El magma aprieta el fondo del océano, lo rompe y sube en un alud incandescente durante millones de años. Se amontona hasta que emerge y crece fuera del agua. Durante más millones de años la lava sale, una masa brillante roja, naranja, amarilla. ¿Cómo sonaría, cómo se vería esta escena desde lejos, desde cerca? Parece eterno, pero se enlentece y llega el día en que para y se apaga, se petrifica como un corazón viejo. Y queda un cono gigante seco, quieto en medio del océano, el fantasma de un volcán. Ahora está en silencio, lo escucho sentado sobre una roca ígnea en lo alto de un barranco. No hay pájaros y casi ni el mar se oye: es un murmullo distante que se escucha menos que mi cuerpo al ajustar la postura sobre la piedra.


